El vértigo de las horas
dejó de las palabras
un eco disperso;
la fuga, ya tan ficticia,
de un ritmo cotidiano
que es casi intangible.
Pero hay algo en lo continuo
que frena, que me falta,
me punza. Y, de golpe,
en un espacio más amplio,
quedó esa cercanía
vacía de excusas.
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