Muchas
veces
no me sale
despegarme
de esta
eterna,
atronadora,
inevitable
voz
interna
tan fanática
del drama.
*
No tengo
mi cuerpo:
soy
mi cuerpo.
Mi piel sensible,
de intensidades torpes;
mis lunares
y mis cicatrices.
*
La absurda,
abrumadora paradoja
de que tu monstruo
sea una personita
chiquitita, muda,
acurrucada,
que se tapa con fuerza los ojos
y que se parece tanto a vos.
